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[ ia y sector público ] · publicado 5 de julio de 2026

El mandato que tu agente no tiene

Cada vez que apretás "Continuar con Google", usás una tecnología diseñada en 2007 para un problema de 2007: que una aplicación pueda ver tu mail sin conocer tu contraseña.

Funciona. Para eso.

Ahora pensemos en lo que viene: un agente de IA que reserva tu vuelo, paga tus impuestos, firma un contrato por vos. ¿Con qué credencial actúa? ¿Quién le puso el límite? La respuesta honesta es que hoy no hay respuesta. Y sin esa capa, la IA no arregla el caos administrativo.

Lo automatiza.

Delegar acceso no es delegar autoridad

OAuth, el protocolo detrás de ese botón, resuelve una cosa: acceso. Le permite a una aplicación entrar a tus datos sin que le entregues la llave de tu casa. Es un logro enorme, y por eso lo usa todo internet.

Pero fijate lo que no resuelve. Un token de acceso dice "esta aplicación puede leer tu calendario". No dice quién sos vos, no dice qué autorizaste exactamente, no dice hasta cuándo ni por cuánto monto, y no deja una evidencia que un tercero pueda verificar después. Alcanza para mostrar tus playlists. No alcanza para que un software compre, contrate o declare en tu nombre.

La diferencia tiene nombre. Una cosa es acceso; otra, mandato. Cuando le das poder a un escribano, a un apoderado o a un gestor, no le das tu contraseña: le das un documento que dice quién es, qué puede hacer por vos, con qué límites, y que cualquier contraparte puede verificar. Esa figura existe hace siglos en el derecho.

En internet, no existe.

Lo que los reportes no dicen

Las consultoras ya midieron el fenómeno. Gartner estima que para 2028 el 15% de las decisiones laborales cotidianas se van a tomar de forma autónoma, a través de agentes de IA. En 2024 era cero.

Quince por ciento de las decisiones. Sin intervención humana directa.

Los reportes describen muy bien el destino: agentes que negocian, compran, gestionan trámites, coordinan entre sí. Pero hay algo que no dicen, y es la pregunta que cualquier contraparte se va a hacer frente a un agente: ¿cómo sé que este software representa a quien dice representar? ¿Cómo sé que está autorizado para esta operación, por este monto, en esta fecha? ¿Y qué evidencia me queda si algo sale mal?

La pregunta no es teórica. Cuando los agentes empiecen a interactuar entre sí (el tuyo negociando con el del banco, el del banco consultando al de un organismo público), cada eslabón de esa cadena va a necesitar la misma prueba. Sin ella, la cadena entera se sostiene con alfileres.

Para responder eso, un agente necesita tres cosas: identidad (por cuenta de quién actúa), autoridad delegada (qué puede hacer y hasta dónde) y trazabilidad (qué hizo, verificable por terceros). Las tres juntas forman lo que podríamos llamar una credencial de mandato: el poder notarial de la era de los agentes.

Nada de esto es ciencia ficción. Las credenciales verificables, el estándar que permite portar y presentar pruebas digitales firmadas, existen, funcionan y son baratas. La tecnología está. Lo que falta es la decisión de usarla para esto.

La objeción que conviene tomar en serio

Alguien puede responder: las plataformas ya están trabajando en esto. Los grandes proveedores de IA y el ecosistema de estándares están extendiendo OAuth para agentes, y esas extensiones van a resolver el problema del permiso.

La objeción tiene un núcleo de verdad. Esas extensiones son necesarias, y van a ser la capa de transporte de todo esto. Pero conviene ser preciso, porque hay una diferencia entre resolver el permiso dentro de una plataforma y resolver el mandato entre partes que no comparten plataforma.

Si tu agente solo puede demostrar su autoridad dentro del jardín de la empresa que lo opera, tu mandato queda custodiado por esa empresa. Funciona mientras te quedes adentro. El día que quieras salir, tus poderes, tu historial y tu reputación no salen con vos. Ya vimos esa película con las redes sociales, y sabemos cómo termina: la apertura inicial se convierte en captura.

La alternativa no es anti-plataforma. Es que el mandato sea tuyo: portable, verificable por cualquiera, emitido sobre una infraestructura que nadie controla en exclusiva. Que puedas elegir mediador, y cambiarlo. La autonomía de un agente no se acota con políticas de uso. Se acota con infraestructura.

El activo existe, el puente no

Algunos ya están construyendo esa capa. La Unión Europea decidió que cada país miembro tiene que ofrecerle a sus ciudadanos una billetera de identidad digital: credenciales verificables, portables, presentables ante cualquier contraparte. No es un piloto ni un paper. Es regulación en marcha.

Y el punto de partida no falta. Argentina, por caso, tiene una de las mejores infraestructuras de identidad del siglo XX: un documento nacional universal, biométrico, con décadas de cobertura. Lo que falta es la versión portable de ese activo: la credencial verificable que el ciudadano guarda en su teléfono, presenta ante quien quiera y, llegado el caso, delega en su agente. El Estado emite y desaparece de la transacción; el ciudadano porta la prueba.

Esto no se traba por tecnología. Se traba por ecosistema: quién emite, quién integra, quién se anima primero. Y la resistencia no es maldad ni conspiración; es lógica institucional. Cada organismo custodia su registro porque para eso fue diseñado.

Pero la ventana es ahora. Los agentes van a llegar igual — con o sin capa de mandato. Si llegan sin ella, cada plataforma va a improvisar la suya, y el Estado va a terminar regulando de apuro un mercado que ya se organizó sin él.

El botón de 2007

Volvamos al principio. Ese botón que dice "Continuar con Google" fue la respuesta correcta a la pregunta de su época: cómo compartir datos sin regalar contraseñas.

La pregunta de esta época es otra: cómo delegar poder sin regalar identidad. Quién puede actuar por vos, con qué límites, con qué evidencia.

No hace falta inventar nada. Los estándares existen, el documento base existe, la capacidad técnica existe. Hace falta decidir que el mandato de tu agente sea tan verificable como tu firma — y animarse a construirlo antes de que otros lo construyan por nosotros.


Fuente del dato: Gartner, predicciones sobre IA agéntica (2025): 15% de las decisiones laborales cotidianas tomadas de forma autónoma por agentes para 2028, desde 0% en 2024.

Lucas Jolias

Politólogo, profesor y emprendedor. Trabajo con gobiernos de América Latina en innovación pública, gobierno digital e identidad digital.

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